Qué dice Jesús sobre la oración (2)

Qué dice Jesús sobre la oración (2)

Ya dijimos la vez anterior que para una oración cristiana auténtica es esencial conocer y meditar las enseñanzas de Jesús sobre la oración, que los discípulos escucharon, conservaron y entregaron a las comunidades cristianas, y que han sido vividas por los creyentes hasta que se depositaron en el Evangelio. Seguimos considerando estas enseñanzas.

(1)    “Cuando ores, entra en tu cuarto...” (Mt 6, 6)

La persona creyente vive su fe en comunidad, hay que orar junto con los otros hermanos y hermanas; la oración común es también una escuela de oración.

Ahora bien, la oración comunitaria no es suficiente: necesitamos también la interiorización, tratar personalmente a Dios de tú, cuando los demás no están presentes físicamente a nuestro lado; necesitamos orar en soledad, aparte, de manera personal. Esto, que es una acción individual, no es de ninguna manera un acto de individualismo, sino la posibilidad de encontrar a Dios en lo secreto del corazón, disfrutar de la mirada de Dios sobre cada uno de nosotros, sentir cómo nos habla personalmente, y de forma irrepetible y única. La invitación de Jesús a orar en lo secreto, además de ser un remedio contra la tentación de orar para ser vistos y admirados por los demás, es una forma de diálogo íntimo y amoroso con Dios, de estar cara a cara con el Invisible. Es la ocasión de dirigirse a Dios con libertad, de acoger su Presencia, de captar que es cercano, que está a la puerta y llama.

Decía Martin Buber: "Si creer en Dios significa hablar de Él en tercera persona, no creo en Dios. Si creer en Él significa poder hablar con Él, entonces creo en Dios”. Quizás sabemos hablar de Dios... ¿pero sabemos también hablar a Dios?

Nuestra oración no se puede nutrir sólo de la oración común; tenemos que hacer un camino de oración personal, de encuentro y de diálogo cara a cara con Dios. Precisamente ofrecer una ayuda para este camino es el objetivo de esta Escuela de Oración.

1. Hago silencio en mi interior...

2. ...siento que estoy en la presencia del Padre...

3. ...y siento su mirada sobre mí... Como si se tratara de una luz que me ilumina, o del sol; como la mirada de la madre sobre el niño que tiene en brazos... Trato de sentirme un rato así, el tiempo que quiera.

4. Y, a partir de aquí, puedo observar qué es lo que eso produce en mí, o le puedo hablar, o puedo escuchar qué me dice a través de las cosas que voy viviendo... (se pueden recuperar otras propuestas parecidas de algunas ediciones anteriores).