Oración... y compromiso

Oración... y compromiso

Te recuerdo algunas cosas que seguro ya tienes más que sabidas, pero que nunca hay que olvidar en el proceso de oración que cada uno vamos haciendo.

Conviene recordar que en todo el Antiguo Testamento encontramos una constante: no separar el amor de Dios del amor del prójimo, que se manifiesta en la atención a sus necesidades más primarias.

Y no digamos en el Nuevo Testamento. Recuerda solamente algunos pasajes:


Santa Teresa lo expresa en varios momentos de forma sencilla:


Queda claro, por tanto, que la oración tiene que ser fuente de compromiso, un compromiso que se traduce en acciones en favor de los demás, especialmente de los más pobres y desvalidos. Todavía más: si ves que tu oración no te conduce a implicarte con amor en tu entorno, es que algo no estás haciendo bien.


1. Hago silencio en mi interior...

2. ...siento que estoy en la presencia del Padre... Ante Él repaso los “frutos” que estoy dando. Lo repaso con calma, agradecimiento y humildad, reconociendo que mis momentos de unión con el Señor en la oración son el origen de esos “buenos frutos”.

3. Hago resonar en mi interior algunas palabras de Jesús: “El que permanece en mí y yo en él, este da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer”. Y pido al Padre que mis momentos de intimidad con Él me lleven a ser portador/a de su Vida a quienes me rodean.

4. Finalmente, reviso con sinceridad si puedo dar “más fruto”, si tengo que dar algún paso más en mi compromiso por los demás. Le pido al Padre luz para darme cuenta y fuerza para ser fiel.