Oración... y transformación

Oración... y transformación

“Los libros la mayoría de las veces se limitan a decir lo que hay que hacer en la oración, pero no dicen lo que puede hacer el Señor en una persona.”    
Esta frase, de Cristina Kauffman, resume muy bien la idea que quiero remarcar en esta ocasión.

Todo lo que pasa en la oración cristiana tiene que pasar en la vida, si no, no es propiamente oración cristiana. Todas las vivencias que se experimentan en la oración (paz, incluso relajación, fuerza interior, impulso y deseo de entregarse...) se tienen que dar en la vida. Porque la oración es transformadora, tiene que ser una forma de vida, y va unida a la conversión.

Con el tiempo hay que comprobar que la vida de la persona de oración cambia, se va transformando. La vida tiene que ser el termómetro que marca la autenticidad de nuestra oración. Porque el Señor actúa en las personas, como dice la frase con la que hemos iniciado. La vez anterior decíamos que la oración nos hace, no sólo hacemos oración; y que para ello es importante dejarse hacer, aunque no es fácil: no siempre tenemos la valentía necesaria... no siempre nos queremos dejar transformar... quizás porque ya estamos bien como estamos.



1. Hago silencio en mi interior...

2. ...siento que estoy en la presencia del Padre... Y ante Él repaso, con sinceridad, aspectos de mi vida que considero que se tienen que transformar.

3. “Transforma mis...”, y lo voy presentando al Padre. (Pero piensa que la transformación necesita de tu determinación: no llegará si no tienes la decisión y la voluntad de aceptarla).

4. Puedes repasar también aquellos aspectos de tu vida que notas que han cambiado en positivo y dar gracias al Padre por ello. Que tu actitud sea de humildad y de profundo agradecimiento.

5. Y no dejes de observar tu vida para ver la incidencia que en ella tiene tu oración.