Oración... e intercesión

Oración… e intercesión

Es muy sencillo. Se trata de tener presentes a los demás en la oración, es decir, orar en favor de otros. Esto no es exclusivo de una clase especial de cristianos, sino que todos estamos llamados a ello: todos tenemos el Espíritu Santo en nuestros corazones, y, de la misma manera que Él intercede por nosotros (Romanos 8, 26), nosotros debemos interceder unos por otros. ¿Cómo se puede hacer?

En el taller de oración hay una sesión cuya propuesta es precisamente hacer presentes a personas concretas. Y durante un espacio largo de tiempo cada uno va repasando personas, las que sean (¡también aquellas con las cuales no nos llevamos bien!), para presentarlas ante el Padre, para que las bendiga, para que les conceda lo que realmente necesitan. No hace falta hacer “discursos” (recuerda: “vuestro Padre ya sabe…”), sino simplemente pronunciar interiormente su nombre, o traer a la mente su imagen. Se puede decir que es un acto de generosidad, porque durante un buen rato estás pensando en los demás, y no en ti.

Lógicamente, no siempre se tiene un largo espacio de tiempo; de la forma que he explicado se puede hacer alguna vez, no cada día. Pero en tu oración diaria (si tienes el hábito de hacerla) puedes tener presentes a personas que te has encontrado, que sabes que tienen alguna necesidad, que pasan por un mal momento; o aquellas personas con las que convives habitualmente.

¿Sirve de algo? Sí; hay que creerlo rotundamente. Ahora bien, yo siempre digo que hay que hacerlo sin urgencia, sin prisas, con calma, con insistencia, dedicando un tiempo a cada persona (no como un mero “trámite”), y creyendo que el Espíritu actúa en ella. Además, haciéndolo así, también se va puliendo tu actitud con las diferentes personas, tu comprensión y empatía hacia ellas; es decir, tú también sales “beneficiado”, porque la oración puede mejorar tu relación con ellas.

¿Y por qué no creer que con la oración creamos una “red invisible” de relación, de fraternidad y de apoyo mutuo? El Espíritu tiene esas cosas, ¿no?

1. Siento que estoy en la presencia del Padre...

2. ... y desde el silencio interior, le presento a personas concretas: que las bendiga, que les conceda lo que realmente necesitan. Como decíamos la vez anterior, Él ya lo sabe… mejor que yo.