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Catalán

Estudio de la Palabra

Es el estudio de Jesucristo en la Palabra de Dios. Este estudio nace del deseo y de la necesidad de conocer a Jesús para darlo a conocer. Nos hará hacer la experiencia que Jesucristo nos hace crecer en su Amor y avanzar en su seguimiento.
El fruto y eficacia del Estudio de Evangelio se recoge cuando se hace con una cierta continuidad y marcando un cierto itinerario de los aspectos de Jesús que queremos descubrir, estudiar, profundizar.

Ver anteriores

Propuesta de Lectio Divina personal (o en grupo)
Pentecostés Ciclo B (Jn 20,19-23)

(A) ORACIÓN

ORACIÓN

Creemos que estás en medio de nosotros, Padre, y en nuestro interior;

creemos que el Espíritu de tu Hijo nos impulsa.

Te pedimos que no dejamos de estar abiertos al Espíritu,

y que sepamos escuchar sus insinuaciones.

Que venga sobre nosotros tu Espíritu

que nos ayude a conocer más a tu Hijo

a través de la Palabra que ahora escucharemos.

(B) PASOS PARA LA MEDITACIÓN

1. LEE...

¿Qué dice el texto?

Atiende a todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas. Para la comprensión del texto te pueden servir los comentarios que te ofrecemos a continuación.

Texto (Jn 20,19-23)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría la ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Comentarios:

El presente relato está pensado desde el cumplimiento de la promesa de Jesús. He aquí la dialéctica entre promesa y cumplimiento. Jesús había dicho: volveré a estar con vosotros (Jn 14,18); el evangelista constata: se presentó en medio de ellos (Jn 20,19). Jesús había prometido: dentro de poco volveréis a verme (Jn 16,16ss); el evangelista afirma: los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor (Jn 20,20). Jesús anunció: os enviaré el Espíritu (Jn 14,26; 15,26; 16,7ss), y tendréis paz ( Jn 16,33); el evangelista recoge las palabras de Jesús: la paz con vosotros… y recibid el Espíritu Santo (Jn 20,21ss). Jesús afirmó: voy al Padre (Jn 14,12) y el evangelista se encarga de recoger otras palabras de Jesús que significan el cumplimiento de lo que había prometido: voy a mi Padre, que es también vuestro Padre (Jn 20,17). En los discípulos de Jesús no solamente no existía predisposición alguna para aceptar la resurrección -se ha dicho muchas veces que el deseo ferviente de volver a ver a Jesús les había hecho caer en la alucinación de verle, inventando todo lo relativo a las apariciones- sino que estaban predispuestos para lo contrario. Como hijos de su tiempo creían únicamente en la resurrección del último día. Así lo expresa María cuando Jesús habla de la resurrección de Lázaro (Jn 11,24). Cuando se les anuncia que Jesús vive ni siquiera se entusiasman.

El relato sobre la Magdalena no puede ser más significativo ante el sepulcro vacío, lo único que se le ocurre pensar es en el robo (Jn 20,2. 13.15). Una vez convencida de la resurrección gracias al encuentro personal con el Resucitado, se lo anunció a los que habían vivido con él. ¿Resucitado? No la creyeron (Mc 16,11). En los de Emaús, la “esperanza” en la resurrección se manifiesta en su decisión de abandonar aquel asunto e irse a sus casas (Lc 24,22ss). Y cuando comunicaron a los demás su experiencia, el resultado fue el mismo: ni aun a estos creyeron (Mc 16,13). Su escepticismo en este tema era lógico. La increencia o no aceptación de la resurrección de Jesús por parte de sus discípulos tiene buenas razones que la justifiquen.

Es un acontecimiento que escapa al control humano; rompe el molde de lo estrictamente histórico y se sitúa en el plano de lo suprahistórico; no pueden aducirse pruebas que nos lleven a la evidencia racional. De ahí los argumentos tan distintos a los que emplea nuestra lógica. ¿Quién puede aceptar el testimonio de un joven, sentado a la derecha, que vestía una túnica blanca dado a las mujeres en el sepulcro (Mc 16,5), que en relato de Mateo se convierte en un ángel (Mt 28,5)? ¿Es más verosímil el relato de Lucas que habla de dos hombres que se presentaron ante ellas con vestidos deslumbrantes (Lc 24,4) o el de Juan que convierte a esos dos hombres en ángeles (Jn 20,12)? ¿Quién de los cuatro tiene la razón? Todos y ninguno. Todos porque los cuatro afirman que la resurrección de Jesús es aceptable únicamente desde la revelación sobrenatural. Tanto los vestidos blancos como los ángeles hacen referencia al mundo de lo divino. La única diferencia es que Lucas y Juan duplican los testigos porque trabajan más con la categoría del testimonio y para que éste fuese válido se requería que, al menos, fuesen dos. Ninguno, porque las cosas no ocurrieron así. Estamos en el mundo de la representación.

2. MEDITA...

¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Sugerencias:

“Tengamos el coraje, al menos una vez, de dejarnos habitar por el “viento”…, “un viento recio”, por el “fuego…”

“El viento y el fuego se divierten, sirviéndose de nosotros como instrumentos gozosos de la vida. Son incontrolables, imprevisibles, no programables…, son el Espíritu de Dios”

-     “Paz a vosotros”

-     “Recibid el Espíritu Santo”

3. CONTEMPLA Y REZA...

¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Sugerencias:

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu espíritu. Que renueve la faz de la tierra.

4. ACTÚA...

¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

5. COMPARTE...

Si la Lectio se hace en grupo, podéis compartir con sencillez lo que cada uno ha descubierto, para enriquecimiento del grupo.

6. DA GRACIAS...

Puedes acabar este momento con una oración: expresa a Dios lo que has vivido, dale gracias por lo que te ha manifestado, y pide al Espíritu que te haga pasar de la Palabra a la vida.

Gracias, Padre, por lo que me has revelado con esta Palabra.

Ayúdame a progresar en el conocimiento de tu Hijo, Jesús,

y hazme dócil a la acción del Espíritu en mi vida.

Fuente Oración: Evangelio al dia 2020 Ed. CCS

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