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Catalán

Mirando, pensando, rezando... en Costa de Marfil

Mirando, pensando, rezando... en Costa de Marfil


Mirando al sur no puedo dejar de ver el sufrimiento de tantas personas que sufren las calamidades de tener que salir de su casa, de tener que huir por culpa de la violencia descontrolada, de tener que dejar todo aquello que quieres y a todos a los que quieres. Mirando al sur no puedo dejar de pensar en tantos amigos y amigas que se aman su tierra, su familia, sus amistades, su trabajo... pero que, ahora, porque los poderosos del país no quieren dejar nunca de serlo, tienen que romper con todo y marcharse. Mirando al sur no puedo dejar de pensar en las noticias que nos llegan de aquellas tierras, todas mediatizadas por las políticas del norte.

Pero, mirando al sur, veo personas que no pierden la esperanza, mujeres y hombres, niños y mayores que, a pesar de las dificultades, confían en Ti, con el Nombre que sea, para salir adelante, para seguir viviendo bajo la ley de la paz y del amor, para vivir en un mundo más justo y solidario. Mirando al sur pienso en la gran fuerza interior y exterior de estos amigos y amigas que viven desplazados, pero en comunidad, unidos, luchando juntos sin violencia por sus derechos y compartiendo lo poco que tienen. Mirando al sur veo un Pueblo de Dios, que sufre pero que nunca pierde la esperanza. Mirando al sur veo a Costa de Marfil, veo a los marfileños. Mirando al sur sólo me viene a la cabeza rezar por el sur, quizás con estas palabras:

No te enojes por causa de los malvados ni sientas envidia de los malhechores,

pues pronto se secan, como el heno; ¡se marchitan como la hierba!

Confía en el Señor, y haz el bien; vive en la tierra, y manténte fiel.

Pon tu vida en las manos del Señor; confía en él, y él vendrá en tu ayuda.

Hará brillar tu rectitud y tu justicia como brilla el sol de mediodía.

Los que confían en el Señor tomarán posesión de la tierra.

Los humildes heredarán la tierra y disfrutarán de completa paz.

Los malvados sacan la espada y tensan el arco para hacer caer a los pobres y humildes,

¡para matar a los de buena conducta!

Pero su propia espada se les clavará en el corazón, y sus arcos quedarán hechos pedazos.

Lo poco que tiene el hombre bueno es mejor que la mucha riqueza de los malvados.

Los que el Señor bendice heredarán la tierra; pero los que él maldice serán excluidos.

He visto al malvado, lleno de altanería, extenderse como un árbol frondoso;

pero se fue, dejó de existir; lo busqué, y no pude encontrarlo.

La ayuda a los hombres buenos viene del Señor, que es su refugio en tiempos difíciles.

El Señor los ayuda a escapar.

Los hace escapar de los malvados, y los salva, porque en él buscaron protección.

(Cf. Salmo 36)

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